Sudaka, no latino
Como decía Cypher, no es una queja, sino un grito de batalla. En realidad ésta es una reflexión de hace unos años, pero quiero ponerla ahora a disposición de ustedes, pues antes había quedado encerrada en un pequeño círculo de amistades.
He visto, primero con indiferencia, luego con algo de admiración, pero ahora con terror absoluto, cómo se va propagando mundialmente la ola latina. Aunque es un fenómeno principalmente musical, el cual no tengo por qué juzgar, lo grave y dañino es que poco a poco se va extendiendo a ámbitos culturales más amplios, y que con esa latinidad se pretenda catalogar, generalizar, banalizar a todo un grupo humano.
En esa ola se incluye suramericanos, centroamericanos, antillanos. Y, con mayor o menor interés, se auto-incluyen algunos españoles (Enriquito Iglesias, por ejemplo) en esta moda. Es un movimiento que empezó cuando un cierto tipo de música pop latina empezó a abrirse paso masivamente en el mercado gringo. Uno de los primeros artistas en lograrlo fue Ricky Martin. No quiero quejarme de él, pues fue una labor dura la suya, y hay que reconocerle el haber abierto las puertas mercantiles a los cantantes latinoamericanos.
El problema es del mercado gringo y su estereotipación de lo latino. Un triste ejemplo (para mí como colombiano) es la metamorfosis artística de Shakira. Mientras su mercado era el colombiano, su música exhibía orgullosa fusiones árabes-caribeñas, propia de su Barranquilla natal. Después de entrar a Estados Unidos, y pasar por las manos mágicas de los Stefan, se latinizó, y grabó un disco con fuertes influencias mexicanas (su unplugged) y luego uno muy agringado (Laundry Service -aunque con algunas influencias argentinas). En fin, ha perdido mucho de su identidad y ya no suena a colombiana ni a árabe.
Las características típicas -o tipificadas- de lo latino son: La sabrosura -o sabor latino-, la gozadera, la rumba y la estupidez. Somos unos brutos que nos la pasamos bailando (cuando la producción de alcaloides nos deja tiempo, claro). Son atributos que pueden definir una buena parte -pero no todo, definitivamente- de la cultura musical caribeña (pero hay mucha más riqueza). Además, para entrar al mercado gringo la música debe volverse soft, digerible, embrutecedora, con una pizca de tambores africanos, cadencia de balada romántica y mucho Pro-tools (ingeniería de sonido). Para vender debe renunciar a cualquier aspiración de complejidad.
No es nuevo este intento reduccionista. En años anteriores, los latinos éramos los reyes del mambo. Esta moda anterior, que empezó por allá en los 70, se dio con la explosión de la salsa, o la música de los cubanos y puertorros radicados en Nueva York. Pero poco a poco la latinización deja de ser exclusiva para la música y se va extendiendo para describir todos los aspectos culturales de nuestros pueblos.
La ola latina me produce rasquiña, es moda y banalización. Como toda moda es algo que causa sensación en el momento, úsese y bótese, desechable, que se tira a la basura cuando el encanto de la novedad acaba. Y como banalización es algo que no se toma en serio ni siquiera cuando está de moda, joy-toy, diversión barata.
Quienes usan el término no se dan cuenta de que latinos somos todos los hablantes de lenguas romances: Italianos, rumanos, franceses, ibéricos, latinoamericanos, ... No se dan cuenta de la enorme variedad de culturas, idiomas, gobiernos, costumbres, tipos raciales.
Prefiero declararme sudaka. Un término que ha sido usado en forma ofensiva contra los sudamericanos, pero que ya Los Prisioneros de Chile enarbolaban altivamente como grito de batalla: "Maldito sudaca, maldito latino, inmundo chileno, peruano o argentino (...)", pues recoge la historia de humillación, pero la devuelve con altivez.
No se incluye Centroamérica, que tiene una identidad cultural mayor, ni la Europa latina, cuya historia es más extensa y su cultura más homogénea (sin desconocer la gran diversidad que hay en unos y otros). Me gusta porque restringe la extensión territorial abarcada, y homogeniza un poco las condiciones culturales (idioma e influencias), sociales, políticas (democracias jóvenes), económicas (Tercermundo) e históricas (conquista, independencia, dictaduras de derecha).
He dicho las condiciones culturales, no la cultura. A pesar de reducir el territorio, en él se encuentra una variedad cultural muy amplia, desarrollada en zonas tropicales, estacionales y polares; en territorios costeros, llaneros (sabaneros o pamperos), montañosos (o serranos), de altiplanos; con influencias europeas, africanas, indígenas y árabes (no sólo por los moros en España, sino también por inmigración directa) .
Restringiéndonos nuevamente a lo musical, la variedad sudaka incluye bolero, pasillo, vallenato, pasodoble, currulao, salsa, tango, candombe, huaino, cumbia, joropo, samba, calipso, reggae, corridos, guabina, bambuco, contradanza, murga, sonsureño, ... (y muchos más, que me queda grande la lista).
Dentro de lo sudaka hay una variedad que no puede ser reducida, que no admite trivialización y que exige atención y respeto. SOY SUDAKA.
He visto, primero con indiferencia, luego con algo de admiración, pero ahora con terror absoluto, cómo se va propagando mundialmente la ola latina. Aunque es un fenómeno principalmente musical, el cual no tengo por qué juzgar, lo grave y dañino es que poco a poco se va extendiendo a ámbitos culturales más amplios, y que con esa latinidad se pretenda catalogar, generalizar, banalizar a todo un grupo humano.
En esa ola se incluye suramericanos, centroamericanos, antillanos. Y, con mayor o menor interés, se auto-incluyen algunos españoles (Enriquito Iglesias, por ejemplo) en esta moda. Es un movimiento que empezó cuando un cierto tipo de música pop latina empezó a abrirse paso masivamente en el mercado gringo. Uno de los primeros artistas en lograrlo fue Ricky Martin. No quiero quejarme de él, pues fue una labor dura la suya, y hay que reconocerle el haber abierto las puertas mercantiles a los cantantes latinoamericanos.
El problema es del mercado gringo y su estereotipación de lo latino. Un triste ejemplo (para mí como colombiano) es la metamorfosis artística de Shakira. Mientras su mercado era el colombiano, su música exhibía orgullosa fusiones árabes-caribeñas, propia de su Barranquilla natal. Después de entrar a Estados Unidos, y pasar por las manos mágicas de los Stefan, se latinizó, y grabó un disco con fuertes influencias mexicanas (su unplugged) y luego uno muy agringado (Laundry Service -aunque con algunas influencias argentinas). En fin, ha perdido mucho de su identidad y ya no suena a colombiana ni a árabe.
Las características típicas -o tipificadas- de lo latino son: La sabrosura -o sabor latino-, la gozadera, la rumba y la estupidez. Somos unos brutos que nos la pasamos bailando (cuando la producción de alcaloides nos deja tiempo, claro). Son atributos que pueden definir una buena parte -pero no todo, definitivamente- de la cultura musical caribeña (pero hay mucha más riqueza). Además, para entrar al mercado gringo la música debe volverse soft, digerible, embrutecedora, con una pizca de tambores africanos, cadencia de balada romántica y mucho Pro-tools (ingeniería de sonido). Para vender debe renunciar a cualquier aspiración de complejidad.
No es nuevo este intento reduccionista. En años anteriores, los latinos éramos los reyes del mambo. Esta moda anterior, que empezó por allá en los 70, se dio con la explosión de la salsa, o la música de los cubanos y puertorros radicados en Nueva York. Pero poco a poco la latinización deja de ser exclusiva para la música y se va extendiendo para describir todos los aspectos culturales de nuestros pueblos.
La ola latina me produce rasquiña, es moda y banalización. Como toda moda es algo que causa sensación en el momento, úsese y bótese, desechable, que se tira a la basura cuando el encanto de la novedad acaba. Y como banalización es algo que no se toma en serio ni siquiera cuando está de moda, joy-toy, diversión barata.
Quienes usan el término no se dan cuenta de que latinos somos todos los hablantes de lenguas romances: Italianos, rumanos, franceses, ibéricos, latinoamericanos, ... No se dan cuenta de la enorme variedad de culturas, idiomas, gobiernos, costumbres, tipos raciales.
Prefiero declararme sudaka. Un término que ha sido usado en forma ofensiva contra los sudamericanos, pero que ya Los Prisioneros de Chile enarbolaban altivamente como grito de batalla: "Maldito sudaca, maldito latino, inmundo chileno, peruano o argentino (...)", pues recoge la historia de humillación, pero la devuelve con altivez.
No se incluye Centroamérica, que tiene una identidad cultural mayor, ni la Europa latina, cuya historia es más extensa y su cultura más homogénea (sin desconocer la gran diversidad que hay en unos y otros). Me gusta porque restringe la extensión territorial abarcada, y homogeniza un poco las condiciones culturales (idioma e influencias), sociales, políticas (democracias jóvenes), económicas (Tercermundo) e históricas (conquista, independencia, dictaduras de derecha).
He dicho las condiciones culturales, no la cultura. A pesar de reducir el territorio, en él se encuentra una variedad cultural muy amplia, desarrollada en zonas tropicales, estacionales y polares; en territorios costeros, llaneros (sabaneros o pamperos), montañosos (o serranos), de altiplanos; con influencias europeas, africanas, indígenas y árabes (no sólo por los moros en España, sino también por inmigración directa) .
Restringiéndonos nuevamente a lo musical, la variedad sudaka incluye bolero, pasillo, vallenato, pasodoble, currulao, salsa, tango, candombe, huaino, cumbia, joropo, samba, calipso, reggae, corridos, guabina, bambuco, contradanza, murga, sonsureño, ... (y muchos más, que me queda grande la lista).
Dentro de lo sudaka hay una variedad que no puede ser reducida, que no admite trivialización y que exige atención y respeto. SOY SUDAKA.


2 Comments:
No te haré caso, y no pienso llamarte "sudaca", porque a mí me sigue pareciendo despectivo. Lo de "latino" también me carga bastante, porque es un saco en el que entran demasiadas cosas. Lo de la omnipresente voz del vecino del norte también me irrita. Creen que lo han inventado todo, o mucho peor, saben que no, pero el resto sí se lo traga. Por no inventar, no inventaron ni la hamburguesa (ocurrencia de un emigrante alemán en una feria, eso sí, en suelo norteamericano).
Yo soy hijo del olivo, griego, fenicio, romano, godo, judío, bereber y egipcio. Esas son mis fuentes. Y a los hermanos del otro lado del Atlántico sólo puedo decirles que les prefiero cuando son ellos mismos, sin complejos ni influencias pesadas. Y que a la vez somos tan iguales como distintos. ¿O acaso un campesino maya, un mulato carioca, un psicoanalista porteño, una madre quechua o un pescador dominicano tienen algo que ver? No, y sí, tanto como un chino y un japonés. Que no son lo mismo pero les ven igual. ¡Cochinas etiquetas!
Saludos, compadre.
Sergi (blogs.ya.com/alasdealbatros)
hola, disculpame, pero me parece q tu tienes una autoestima muy baja, y no estoy de acuerdo en muchas de las cosas q dices, si shakira quiere transformar su música eso es problema de ella, pero no por ello,debemos de menospreciarnos y mucho menos sentirnos marginadoso lo q es peor, marginarnos nosotros mismos,creo q hace falta gente luchadora, como lo hizo bolivar, y q no se deje pisotear por nada ni por nadie,yo no me considero una sudaka,pero veo q tu si, porq los q nos llaman asi, son los Españoles, y me parece q no debo aceptar ese término despectivo, porq ellos son personas del primer mundo con mentalidad del cuarto, asi,q mira reacciona.ya basta q nos dejemos pisotear por gente, q son más ignorantes q todo el mundo... asi q yo digo, q viva sudamerica!!!!!!!!
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